Monday, September 29, 2008

°oO° Relatos de un día que nunca debió pasar °Oo°


El despertador nunca sonó. NOOO, NO TE LO PUEDO CREER. 8:50 am. Horario de entrada al trabajo: OCHO am. Maldita sea. Salto de la cama. Mareo. Corrida. Puteada. Agarro lo primero que encuentro en la silla. Me lavo los dientes, me ato el pelo (sin peinar), pongo la invisible en el flequillo para quedar como una persona normal y no como una interna salida del Moyano, tiro el celular en la cartera y salgo corriendo.

Corro a la parada del colectivo sólo para ver cómo éste se aleja. Otra vez maldigo. Maldigo al celular que uso como despertador, al colectivo, al colectivero, y al que se me cruzó que me miró. Luego de 15 minutos eternos, viene otro... lleno de críos porque es el que se toman en el horario JUSTO para llegar al colegio… la relación entre los gritos y las cosas propias de niños que se escuchan en el colectivo son directamente proporcionales a la amargura y malhumor que aumenta en mí. Noto algo extraño. Cuando sé que debería estar sosteniéndome de cualquier protuberancia del colectivo para no tambalearme y caer en la horrible pesadilla de la pérdida de mi orgullo (porque quien lo conduce es un aberrante ex –corredor de fórmula uno), me doy cuenta de que el colectivo va a 20 kms por hora. Tiene que cumplir horario. No te lo puedo creer. ¿¿¿Justo HOY tengo que agarrar al UNICO que tiene que cumplir horario??? Maldito Murphy. Maldito Murphy.

Después de lo que me pareció una eternidad en el séptimo infierno de Dante, bajo del colectivo y, cuando puedo prestar atención a lo que llevo puesto, me doy cuenta de que la pollera blanca que tengo puesta es la que estaba para lavar, llena de manchones de café que se me había caído encima la noche anterior. Por más de que tratara de cubrirla con la cartera y las carpetas que llevaba, era imposible. Y por supuesto, sentía todas las miradas clavadas en mi pollera. Encima BLANCA. DIOSSSS. Camino rápido, esquivando miradas y mirando las baldosas rotas de la vereda. Una cuadra. Sólo una cuadra me separa de mi destino, pero es la cuadra más larga. Mientras camino apurada, siento algo raro en el pie derecho, una arenilla. Miro hacia abajo. Me faltaba la sandalia. DIOSSSSSSS. Casi puedo sentir cómo mis mejillas se enrojecen y el inexorable calor que acompaña al sonrojamiento. Quiero llegar, quiero llegar.

Llego a la oficina. Jefe malhumorado. Veinte personas por atender. Y mi día comienza. Tranquilo por unos momentos, sólo para que toda la furia de Murphy caiga sobre mí una y otra vez durante todo el día.

¿Será que hay días en que no tenemos que salir de la cama? No lo sé… por las dudas a partir de ese día, pongo dos despertadores…

2 personas desparramaron sabiduría:

Patto on October 6, 2008 at 8:25 AM said...

Para la próxima alegá que estás enferma, y te ahorrás más de un problema!

Debo decir que muero por saber lo que pasó la noche anterior!

...:: oO Anarvanyë™ Oo ::... on October 6, 2008 at 8:31 AM said...

JAJAJ SI TE JURO QUE DEBERIA HABER HECHO ESO... LA NOCHE ANTERIOR FUE DE LO MAS NORMAL... SE VE QUE HAY DIAS EN QUE NUESTRO KARMA JUNTA TODO LO QUE TIENE PARA DEVOLVERNOS EN UN SOLO DIA JAJAJA

 

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